China refuerza su liderazgo mundial en energías limpias
26/02/2026 - Hace 3 meses en InternacionalChina refuerza su liderazgo mundial en energías limpias
Durante su reciente intervención en el Foro Económico Mundial, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reavivó la tensión comercial y energética con Pekín al desestimar el uso de la energía eólica. El mandatario afirmó que China vende molinos de viento a «personas estúpidas» mientras ignora esta tecnología en su territorio. Sin embargo, los datos de la industria contradicen esta narrativa: en 2025, el gigante asiático no solo alcanzó récords en capacidad instalada, sino que ya controla el 80% de la fabricación de paneles solares y el 75% de la producción de baterías y vehículos eléctricos a nivel global.
Mientras la administración Trump revierte protecciones medioambientales y expande su flota de carbón —incluyendo la construcción de la planta de gas natural más grande del mundo en Ohio—, China ha adoptado la descarbonización como su nuevo motor económico. Según Li Shuo, director del China Climate Hub, la diferencia de competitividad es abismal: producir un panel solar en Estados Unidos llega a ser hasta cinco veces más caro que en China. Esta disparidad ha llevado a expertos como David M. Hart a advertir que EE. UU. corre el riesgo de aislarse tecnológicamente, convirtiéndose en una «isla de vehículos de combustión» en un mundo que avanza aceleradamente hacia la electrificación.
A pesar de su liderazgo en renovables —instalando 300 GW de capacidad solar y eólica el último año frente a los escasos 20 GW de Estados Unidos—, China no abandona el carbón, pero ha transformado su uso hacia una reserva flexible para respaldar la red. Esta visión estratégica, que combina la seguridad energética con la exportación de tecnología limpia, permite a Pekín reducir emisiones no solo internamente, sino en terceros países, consolidando un liderazgo de «hechos más que de promesas». La retirada de Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales y su enfoque hostil hacia la ciencia climática podrían representar, según analistas, la pérdida económica más significativa de la década para Washington.
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