Impacto ambiental y retos verdes del acuerdo UE-Mercosur
16/01/2026 - Hace 5 meses en InternacionalImpacto ambiental y retos verdes del acuerdo UE-Mercosur
Este fin de semana del 17 de enero de 2026, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, arriba a Paraguay con un objetivo definitivo: la firma formal del Acuerdo de Asociación UE-Mercosur. El tratado, respaldado por una mayoría cualificada de líderes europeos, pretende instaurar una de las zonas de libre comercio más extensas del planeta, integrando a Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y, próximamente, Bolivia.
Beneficios económicos y acceso a recursos
Desde la perspectiva de Bruselas, el acuerdo es vital para asegurar el suministro de materias primas críticas y tierras raras, componentes esenciales para la fabricación de baterías y la transición electrónica de Europa. A cambio de facilitar el acceso a maquinaria, automóviles y productos químicos europeos, el Mercosur podrá exportar masivamente carne, aves, azúcar y soja. Von der Leyen ha defendido que el pacto «creará más oportunidades de negocio» y fortalecerá la competitividad de las empresas del bloque.
La crítica ambiental: El dilema de la sostenibilidad
A pesar de que el texto oficial incluye un capítulo sobre Comercio y Desarrollo Sostenible, expertos de organizaciones como Climate Action Network Europe han calificado el acuerdo de «poco alentador». Las principales preocupaciones residen en:
- Deforestación: El incentivo al comercio de productos agrícolas podría acelerar la pérdida de bosques en Sudamérica.
- Estándares desiguales: Agricultores europeos denuncian que se enfrentarán a competidores con normativas medioambientales mucho más laxas, lo que presiona a la baja los estándares del Pacto Verde de la UE.
- Huella de carbono: Activistas subrayan la incoherencia de transportar alimentos a través de medio planeta mientras se promueven objetivos de emisiones netas cero.
Impacto en la bioeconomía
No obstante, el acuerdo también es visto por algunos analistas como un motor de cambio. Países como Uruguay y Argentina han comenzado a adaptar sus estrategias hacia la bioeconomía y la agricultura regenerativa, respondiendo a las exigencias de sostenibilidad del mercado europeo. La gran incógnita para este 2026 es si la cooperación transatlántica logrará equilibrar el crecimiento industrial con la protección de la biodiversidad o si, por el contrario, profundizará la dependencia de recursos naturales explotados de forma intensiva.
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