¿Puede la nueva fuerza multinacional de la ONU revertir el control pandillero en Haití?
24/03/2026 - Hace 2 meses en Internacional¿Puede la nueva fuerza multinacional de la ONU revertir el control pandillero en Haití?
La República de Haití se prepara para un cambio drástico en su estrategia de seguridad. A partir de abril, la Fuerza de Supresión de Bandas (GSF) —una iniciativa respaldada por la ONU— asumirá el control de las operaciones de pacificación, sustituyendo a la misión liderada por Kenia (MSS). Con un contingente previsto de 5,500 efectivos (cinco veces mayor que su predecesora) y un «mandato reforzado», la misión busca recuperar el control de un país donde las pandillas dictan la ley en las calles y rutas de suministro.
El Fracaso del Pasado como Advertencia
La misión anterior, encabezada por Kenia, es percibida globalmente como un fracaso tras finalizar en octubre pasado sin lograr debilitar la estructura criminal. Durante 2024 y 2025, la violencia no dio tregua: solo en los primeros meses del año pasado se registraron más de 2,680 muertes. Las pandillas, lejos de replegarse, expandieron su control al 85% de Puerto Príncipe, utilizando drones y reclutando niños (cifra que se ha triplicado en un año) para mantener el bloqueo de puertos y aeropuertos.
¿Qué cambia con la GSF?
A diferencia de la MSS, que actuaba principalmente como apoyo a la debilitada Policía Nacional de Haití, la nueva GSF operará de forma independiente.
Logística Unificada: Contará con una Oficina de Apoyo de la ONU para evitar las carencias de equipo que paralizaron a los kenianos.
Socios Estratégicos: Supervisada por un grupo que incluye a EE. UU., Canadá, El Salvador y Jamaica.
Financiación: Se busca transitar de las contribuciones voluntarias a un modelo más estable, aunque persisten dudas sobre el pago de salarios a largo plazo.
El Costo Humano: Escudos y Derechos
El mandato más agresivo de la GSF ha encendido las alarmas de organismos como Human Rights Watch y Amnistía Internacional. Expertos como Diego Da Rin advierten que las pandillas suelen utilizar a civiles como escudos humanos, lo que eleva el riesgo de víctimas colaterales en zonas densamente pobladas. La falta de un código de conducta detallado y de protocolos claros de verificación para los militares desplegados (provenientes de países como Chad, Benín o Bangladesh) sigue siendo el punto más crítico de la transición.






