La agresión en el silencio
Durango se enfrenta a una pandemia aún más grande, la violencia doméstica contra la mujer.
(COLABORADOR INVITADO) Frida Retana
La violencia doméstica, principalmente contra la mujer se incrementa de manera notable, pero el problema persiste y son reincidentes en la agresión ya que, en la mayoría de los casos, las afectadas no presentan la denuncia correspondiente para llegar hasta sus últimas consecuencias, lo que puede derivar incluso en tragedia.
Desde el 20 de marzo se decretó que se suspendían las clases en el país para dar inicio, de esta manera, con la Jornada Nacional de Quédate en Casa, cuarentena para evitar la propagación de la enfermedad pandémica de Coronavirus 2019 (COVID-19) en el país.
De esta manera, el hogar corre el riesgo de convertirse en un lugar muy peligroso para las víctimas de violencia doméstica, ya que deben permanecer todo el día con sus parejas y lejos de personas que puedan validar sus experiencias y brindar ayuda.
Una crisis global
El jefe de las Naciones Unidas pide «paz en el hogar» al describir un «aumento global horrible de la violencia doméstica» contra las mujeres, vinculado a los bloqueos impuestos por el gobierno en medio de la pandemia de coronavirus.
Después de hacer repetidos ceses de fuego en conflictos en todo el mundo, António Guterres señaló que la violencia no se limita al campo de batalla. «Para muchas mujeres y niñas, la amenaza es mayor donde deberían estar más seguras: en sus propios hogares», dijo el Secretario General de la ONU.
Incluso antes de la pandemia de coronavirus, las Naciones Unidas habían advertido que un tercio de las mujeres en todo el mundo experimentaron algún tipo de violencia en sus vidas.
El panorama en Durango
La Comisión Estatal de Derechos Humanos declaró que, de acuerdo a los últimos informes, Durango se ubica entre los estados que, aún declarados con alerta de género, no ha reducido sus niveles de violencia en contra de la mujer.
Hizo ver que de los 18 estados de la República Mexicana que están ya con Alerta de Género, los índices de la violencia en Durango hacia la mujer no han disminuido y refirió que más del 80 por ciento de los casos de violencia que se registran son el en hogar.
En el transcurso de la cuarentena, un total de 320 hombres fueron denunciados a Seguridad Pública, señaladas del maltrato familiar. Pero, la mayoría de los casos conllevan el mismo desenlace: la víctima por alguna razón se niega a presentar la denuncia penal.
La razón siempre es la misma, el miedo. Esta es la principal conclusión del estudio Sobre la inhibición a denunciar de las víctimas de violencia de género, elaborado por la delegación del Gobierno para la Violencia., presentado por la secretaria de Estado de Igualdad y Servicios Sociales, Susana Camarero.
Solamente el 28 por ciento de las víctimas de violencia doméstica se atreve a dar el paso de acudir a la policía o al juzgado. Los investigadores quieren saber qué mecanismo es el que falla, si la información actual no es suficiente o la existencia de situaciones de especial vulnerabilidad social o económica les impide dar el paso.
Las conclusiones apuntan a un poco de todo. Pero es cierto que el principal motivo para no denunciar se encuentra fundamentalmente en el interior de la propia mujer, en el miedo visceral que las atenaza. No es sólo miedo al maltratador, es miedo incluso a los demás, a empezar de nuevo.
Lo primero que hay que entender, explican desde la delegación, es que una mujer que sufre abusos tarda tiempo en decidir terminar con ellos, ya que el simple hecho de estar inmersa en esa situación conlleva un proceso largo de aislamiento, manipulación y chantaje emocional.
Testimonios de una vida pasada
Dolores Mercado, ama de casa, teme que esta sea la situación para las víctimas de abuso durante la cuarentena. La mujer de hoy 46 años, sufrió una situación de violencia doméstica por más de 23 años, de la cual sobrevivió poniéndole punto final con un divorcio hace seis años.
La costumbre de la relación con su pareja y el cuidado de sus tres hijos, fueron el motivo por el cual Dolores aceptó toda violencia física y psicológica dentro de la relación -que perduró la mitad de su vida – para tratar de mantener el vínculo familiar.
Pero, al contrario, los problemas se incrementaban como pareja, lo que no pasó desapercibido para nuestros hijos que se decidieron a brindarle a Dolores el apoyo necesario para que terminará el ciclo de violencia. La sobreviviente asegura estar arrepentida de haber seguido con su matrimonio durante todo ese tiempo, donde los más dañados, fueron sus propios hijos.
Dolores se convierte en la imagen de solamente el 24 por ciento de las mujeres duranguenses quienes ganan un salario mínimo de 123.22 pesos diarios, pero también en un ejemplo de la mujer sometida en un hogar dirigido por un hombre. En Durango Capital, este es el caso del 71 por ciento de los hogares, según la encuesta realizada por el INEGI en 2019.
«Pensaba que esto sería pasajero, transcurrieron tres años más y nació nuestro segundo hijo, lo que vino a unirnos por cierto tiempo, pero de nueva cuenta y ya acostumbrado al alcohol a la menor oportunidad me agredía, y me hacía sentir la peor de las mujeres al decir que era el sostén de la familia y que yo de nada servía».
Además de todo esto, la inseguridad financiera puede aumentar la agresión en las relaciones abusivas, según la Coalición Nacional Contra la Violencia Doméstica (NCADV).
La incertidumbre en torno al dinero, la seguridad laboral o la capacidad de realizar el próximo pago del alquiler o poner comida sobre la mesa: todo este estrés agrega combustible al fuego.
La alianza defensora de los derechos de las mujeres, que cuenta con un servicio de denuncia virtual disponible las 24 horas del día, señala vía Twitter la existencia de una pandemia olvidada: la violencia y el abuso doméstico.
«Hay una pandemia aparte del COVID-19. Una pandemia que hemos tenido durante años y que no ha sido atendida. El estado la descuidó. Y las mujeres que han sido asesinadas son madres, hijas, amigas y ciudadanas a las que el estado ha fallado «.
Cimiento de la violencia
Durante semanas, expertos en Seguridad Pública habían alarmado que el brote de Covid-19 sería desastroso para las personas en relaciones abusivas. Con casi tres de cada cuatro mexicanos a los que se les pide que no salgan, más víctimas están aisladas en hogares inseguros.
El cierre de negocios, la pérdida de un sinnúmero de empleos y la ausencia de un plan eficiente por parte del Gobierno Federal han representado un cambio total en la economía del mexicano promedio, por lo tanto, ocurre lo mismo con su rutina y dinámica familiar.
“El corazón de esta crisis económica detonada por el coronavirus es la incertidumbre; la falta de conocimiento sobre cuánto durará no permite a los actores económicos salvaguardar los ingresos de las familias es, por lo tanto, una de las claves que definirán si la economía se reactiva de manera rápida o no”, se lee en su texto.
La combinación del estrés económico y social provocado por la pandemia de coronavirus, así como las restricciones de movimiento, tal como se había advertido, han provocado un aumento de la violencia doméstica en casi todos los países del mundo. México no es la excepción en este patrón.
Mujeres trabajadoras
La Organización del Trabajo (OIT). Afirma que las mujeres enfrentaron un impacto desproporcionado por la crisis derivada de la pandemia de coronavirus, debido a que representan 58 por ciento de la fuerza laboral del sector servicios en todo el mundo, uno de los más afectados.
“Las mujeres están sobrerrepresentadas en los sectores más afectados (como los servicios) o en ocupaciones que están en la primera línea de la lucha contra la pandemia (por ejemplo, enfermeras)”, señaló el organismo de la ONU en una evaluación inicial que calcula que el Covid-19 pudo cobrarse casi 25 millones de empleos en el mundo.
Ese reporte en el que propone medidas para una respuesta decisiva, coordinada e inmediata, menciona que las mujeres también tienen menos acceso a la protección social y soportarán una carga desproporcionada en la economía del cuidado, en el caso de cierre de escuelas o sistemas de cuidado.
La mujer mexicana es afectada de manera desproporcionada por el virus, ya que no tiene acceso a mecanismos de licencia remunerada o por enfermedad, y están menos protegidas por los mecanismos convencionales de protección social y otras formas de suavización de ingresos.
La realidad en reportes
Barbara Paradiso, directora del Centro de Violencia Doméstica de la Universidad de Colorado-Denver, considera que todos los datos de los departamentos de policía y la cobertura de noticias locales de todo el país sugieren que toda preocupación por la integridad física y emocional de la mujer mexicana está totalmente justificada.
Con las familias obligadas a quedarse en casa, «esencialmente, se está condenando a las víctimas y sus hijos a estar 24/7 con su abusador», dice Paradiso. Debido a que muchos lugares de trabajo están cerrados y las visitas están prohibidas, muchos de los escapes de las víctimas han sido blindados.
«Si las cosas comienzan a calentarse demasiado, entonces la familia va a visitar a mamá (abuela) por un tiempo», dice Paradiso. «O, cuando su pareja está fuera en el trabajo durante ocho horas, las posibilidades de que
Ruth Glenn, presidenta de la Coalición Nacional contra la Violencia Doméstica, señala que los datos policiales no son un indicador perfecto de si la violencia doméstica está empeorando.
Más llamadas al 911 podrían indicar más violencia, pero también podrían indicar una mayor confianza de la policía local en tiempos de crisis o, simplemente, más vecinos que escuchan peleas o disturbios. «Mi preocupación son las víctimas que no denuncian», dice Glenn.
La dinámica del encierro
El abusador intenta por todos los medios evitar que la víctima tenga una red social y familiar en la que protegerse, mientras su estado mental se va deteriorando poco a poco. Este proceso es mucho más fácil de completarse durante la cuarenta, ya que la víctima no tiene escape alguno. El abuso se convierte en su realidad.
A esa precariedad psicológica, presente en la gran mayoría de los casos, se suma la percepción de soledad (creada por el abusador) y el temor a no poder sobrevivir económicamente, el primer miedo entonces, es al maltratador, a sus reacciones, a sus represalias, al imaginarse una vida sin él.
Según una encuesta realizada a mujeres duranguenses, otros de los miedos que más pesan en la victima es al propio hecho de acudir a denunciar y no ser creídas, sobre todo, en el caso de que no haya violencia física. También temen perder a sus hijos, a no tener medios económicos para poder atenderlos, a no encontrar un empleo.
Y, por último, la vergüenza de reconocer todo lo que ha tolerado y a la estigmatización que eso supone. Hasta cierto punto, cuando uno denuncia se ve obligado a explicar por qué ha tolerado determinados comportamientos, por qué no se marchó…Y eso conduce en cierta manera a la culpabilización de la víctima.
¿Qué hacer ante esta situación? El estudio aporta propuestas de soluciones, como el que la infraestructura judicial, la denuncia y la protección de la mujer, son elementos realmente imprescindibles para eliminar esta violencia.
En palabras de Susana Camarero, «las mujeres deben estar acompañadas en el proceso por profesionales que deben contar con la formación adecuada». Además, considera necesario fortalecer a las víctimas para que sean capaces de entender qué les está pasando y hacer frente a los malos tratos.
Es momento de la acción
Con gran parte del país cerrado, y las instituciones que velan por la seguridad de la mujer trabajando en guardias, las víctimas puedan asumen que no hay ningún lugar a donde ir para obtener ayuda. Ese no es el caso, el Centro de Justicia para la Mujer en Durango sigue buscando alternativas para mantener un control de procesos,
En el establecimiento del Centro de Justicia para las Mujeres, se brinda atención a mujeres en situación de violencia de género, es decir; violencia emitida por sus parejas: acceso inmediato a la justicia, atención y asesoría legal, acompañamiento especializado, atención médica y psicológica, además de otros servicios de ayuda.
También se ampara a la mujer violentada que denuncia, con agencias del Ministerio Público, Juzgados Especializados, Ludoteca, Talleres de Empoderamiento, Bolsa de Trabajo, entre otros. Esto con el fin de asegurar un futuro sano, libre y lejos del abuso. La Nueva Normalidad ya no se referiría solamente al control del virus.
Los refugios en Fundación Esmeralda también permanecen abiertos, aunque muchos están evaluando los síntomas de Covid-19. De esta forma, se está practicando el distanciamiento físico dentro de los refugios, asegurando que las personas estén a seis pies de distancia y ejecuten programas terapéuticos y educativos prácticamente cuando sea posible.
Por otro lado, considerando los altos niveles de violencia doméstica, se espera también un aumento inevitable en el abuso infantil, ya que se cuentan con menos opciones para buscar refugio en el hogar de otra persona. Los niños ya no van a la escuela y no encuentran un escape del ambiente familiar.
En estos casos, las organizaciones pertenecientes al El Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) en Durango, intervienen en la readaptación de la mujer violentada a espacios seguros, privados, secretos y vigilados por la Policía Estatal.
Cuando irse no es una opción, todas las instituciones que participan en el proceso están comprometidas a devolver a la mujer violentada su calidad de vida antes del hecho victimizante, con programas, capacitación y ayuda online. La pandemia se ha convertido en una situación de alarma que conlleva medidas aún más precisas.
La línea del Centro de Justicia para las Mujeres está disponible las 24 horas, los siete días de la semana, al 137 34 78 y 137 34 77. El establecimiento está ubicado en Prolongación Libertad 200 Fraccionamiento La Forestal. Cualquier denuncia, duda o solicitud de ayuda puede ser procesada tanto presencial, como virtualmente.







