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¿Realmente hemos perdido el placer de leer?

09/12/2025 - Hace 6 meses en México

¿Realmente hemos perdido el placer de leer?

Miscelánea | 09/12/2025 - Hace 6 meses
¿Realmente hemos perdido el placer de leer?

El debate sobre si la lectura ha perdido terreno en la vida cotidiana resurge con fuerza, especialmente ante la impresión de que las generaciones más jóvenes leen menos en formatos tradicionales. La experiencia reciente de una viajera en Londres, quien encontró tres librerías icónicas en un solo tramo, reavivó esta reflexión: ¿la cultura del libro impreso realmente está en retirada o simplemente está cambiando de forma?

 

La primera sorpresa fue la tienda de Assouline, un espacio dedicado a libros-objeto de lujo, verdaderas piezas de arte visual que retratan personajes y lugares emblemáticos. Desde Chanel hasta María Callas, pasando por ediciones que documentan destinos como Capri o París, cada volumen es un tesoro para quienes disfrutan la lectura estética y pausada. El lugar incluso alberga un bar llamado Swans, inspirado en una obra de la editorial que retrata al círculo social de Truman Capote en los años cincuenta.

A unos pasos, la enorme librería Waterstones ofrece un contraste: varios pisos repletos de novedades, reseñas escritas a mano y una amplia variedad de géneros. Su propuesta invita tanto al lector especializado como al curioso ocasional. Y justo en la misma calle, aparece Hatchards, fundada en 1797, uno de los templos londinenses del libro físico. Allí, los libros electrónicos son casi un tabú; su esencia es la tradición, la historia y la lealtad a la lectura en papel, tanto así que cuenta con el sello By Appointment, que reconoce a sus clientes de la realeza.

Estas tres librerías estaban llenas. La escena contrasta con la sensación generalizada de que la lectura en papel está disminuyendo, especialmente entre adolescentes, quienes crecen con dispositivos electrónicos como primera ventana al mundo de los libros. Incluso quienes fueron lectores ávidos durante décadas admiten que la practicidad de un Kindle o una tablet simplifica viajes y rutinas.

El fenómeno no es exclusivo de Europa. En ciudades como Nueva York han cerrado varias librerías, pero las estadísticas no muestran una caída drástica del libro impreso. De hecho, según la Asociación de Editores Estadounidenses, las ventas de ebooks disminuyeron 1.5% en el primer trimestre de 2024, lo que sugiere que la lectura digital tampoco crece al ritmo anticipado.

La pregunta, entonces, es más profunda: ¿leemos menos o simplemente leemos distinto? Hoy muchas personas consumen información principalmente a través de redes sociales, newsletters, plataformas digitales y lecturas cortas que compiten con el tiempo que antes se dedicaba a los libros. La vida acelerada, la hiperconectividad y la falta de tiempo libre influyen en la manera en que se eligen los contenidos.

Sin embargo, la lectura sigue siendo un refugio, una experiencia emocional y formativa que define etapas de la vida. Muchos adultos recuerdan con nostalgia los libros que marcaron su juventud y temen que las nuevas generaciones no logren vivir ese mismo descubrimiento íntimo. Pero también es cierto que la lectura nunca ha tenido tantas formas ni tantos accesos posibles.

Las librerías llenas muestran que el placer de leer no ha desaparecido. Se transforma, se adapta y encuentra nuevos públicos. El reto quizá no es salvar el libro físico, sino seguir creando espacios —físicos o digitales— donde las nuevas generaciones puedan reencontrarse con la magia de una gran historia.

 

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