Ama más, juzga menos
Juicio.
Está a tu alrededor: dondequiera que parezcas mirar, se filtra por las esquinas.
Es simplemente imposible escapar; puede volverse agotador hasta el punto de que también esté influenciado por él.
A todos se nos enseña a juzgar, sin importar de dónde venimos o en qué entornos nos criamos.
Juzgar es una táctica de supervivencia, tanto biológica como psicológicamente. Se necesita para disputar personas, instancias y otros factores que nos rodean.
Nos enseña el bien del mal y la seguridad del peligro. Dicho esto, ¿qué sucede cuando el juicio se convierte más en un vicio que en una virtud? Se crea odio.
Todos somos culpables de eso: tener pensamientos horribles sobre otra persona o cosa, tal vez incluso un extraño.
Todos hemos juzgado a aquellos cuyas situaciones ignoramos y hemos hecho suposiciones sobre aquellos a quienes no entendemos.
Si bien estos pensamientos no lo convierten en una mala persona, sí afectan negativamente su carácter, y el efecto es mucho más profundo que su impresión superficial en los demás.
Encuentra lo bueno en todos aquellos que conoces. No creo que exista tal cosa como una «mala persona» en este mundo.
Creo que se puede encontrar algo bueno dentro de todos, sin importar quiénes se protejan. Ofrece amor a aquellos que no parecen quererlo o lo rechazan.
Te prometo que algún día puedes cambiar la vida de alguien. A veces, incluso la persona más pesimista puede cambiar con un toque de luz.
La amabilidad no cuesta nada. En un mundo lleno de juicios, encuentra la fuerza para convertirte en un faro de aceptación.
Recuerda siempre que la luz que permites que brille desde ti siempre se reflejará y encontrará el camino de regreso.
En un mundo lleno de odio, conviértete en un ejemplo de amor.




