La reciente configuración del Congreso de Nuevo León exigirá diálogo y negociación entre las fracciones parlamentarias para alcanzar la mayoría calificada necesaria para aprobar reformas constitucionales y otros asuntos importantes.
El número crítico es 28 de las 42 curules disponibles en el órgano legislativo del estado.
A pesar del deseo del gobernador Samuel García de tener un Congreso «aliado», los resultados electorales no favorecieron su postura, ya que la coalición PAN-PRI contará con 23 legisladores, mientras que Movimiento Ciudadano, partido del gobernador, tendrá nueve escaños, seguido por Morena con ocho, y el PVEM y el PT con un representante cada uno.
Esta nueva composición del Congreso implica que las facciones en disputa deberán negociar para sacar adelante los asuntos que requieren la mayoría calificada de 28 votos.
Sin acuerdos, ni uno ni otro podrán avanzar con reformas constitucionales, nombramientos pendientes o solicitudes de endeudamiento de largo plazo.
Los resultados preliminares muestran que la coalición PAN-PRI-PRD obtuvo 16 de las 26 curules de mayoría relativa en juego, mientras que Movimiento Ciudadano y Morena alcanzaron cinco cada uno.
Aunque PRI y PAN sumarán 23 curules en total, no tendrán la mayoría calificada necesaria para los asuntos más relevantes, lo que obligará a buscar acuerdos con otras fuerzas políticas.