México, entre lluvias atípicas y sequía extrema
Los próximos tres meses serán determinantes para el futuro hídrico de México. Aunque la temporada de lluvias de 2025 ha sido más abundante de lo habitual, permitiendo la recuperación parcial de presas y afluentes, especialistas advierten que este alivio podría ser temporal. A inicios de 2026 comenzarán a sentirse los efectos de La Niña, un fenómeno climático que enfría las aguas del Pacífico y provoca desajustes extremos de lluvias o sequías, según alertó la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Desde octubre pasado, la UNAM había advertido que existe una alta probabilidad de que la temporada de lluvias se prolongue hasta el invierno 2025-2026, con base en antecedentes climáticos. El investigador Víctor Manuel Torres Puente, del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático, señaló que no se trata de un pronóstico puntual, sino de una analogía sustentada en patrones históricos.
Pese a las lluvias recientes, el panorama sigue siendo complejo. De acuerdo con el Informe de Sequía 2025 de la Conagua, más del 65% de los municipios del norte del país enfrentan condiciones de sequía extrema, con estados como Nuevo León, Chihuahua, Sonora y Baja California entre los más afectados. En estos contextos, el acceso al agua potable se convierte en uno de los desafíos más críticos, incluso en escenarios donde coexisten sequías con inundaciones o desbordamientos de ríos.
Ante esta situación, la respuesta de gobiernos, empresas y sociedad civil se vuelve clave.
El contexto social agrava el problema. La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2022 revela que más del 30% de los hogares en México no cuenta con sistemas adecuados de almacenamiento de agua, lo que incrementa su vulnerabilidad durante cortes de suministro o desastres naturales. En este escenario, la instalación de infraestructura básica como tinacos permite a las familias almacenar agua en periodos de abasto regular y enfrentar mejor las emergencias.
Así, mientras México se mueve entre lluvias atípicas y sequías persistentes, especialistas coinciden en que la crisis del agua exige planeación a largo plazo, coordinación institucional y una mayor participación social para garantizar el acceso a este recurso esencial.
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