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Presta más atención a las cosas que te dan ganas de levantarte por la mañana

04/11/2022 - Hace 1 mes
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Nos han enseñado desde una edad tan temprana que la felicidad debe ser algo grande que lo consuma todo.

Que es este momento el que rompe nuestros huesos y cambia nuestras vidas y barre todo el peso dentro de nosotros. Que es algo que se nos otorga, que nos regala el mundo. Que es algo que siempre estamos persiguiendo hasta que lo encontramos.

Y así, siempre estamos esperando. Esperando esta experiencia, esta simplificación en la vida, este momento ‘ajá’ donde todas las heridas se curan y el crecimiento se organiza perfectamente dentro de nuestras cajas torácicas y nuestros corazones ya no tienen miedo de amar y el calor nunca se va.

Pero no creo que la felicidad sea grande o infinita en absoluto. Creo que la verdadera felicidad, la verdadera felicidad, existe en la aceptación del hecho de que siempre estaremos equilibrando lo que es claro y oscuro dentro de nosotros mismos.

Creo que la verdadera felicidad, la verdadera felicidad, existe en la quietud. En las cosas pequeñas. En una taza de café por la mañana, en el sonido de la voz de tu madre al otro lado del teléfono. Creo que la verdadera felicidad, la verdadera felicidad, es creer que estás destinado a estar aquí, que estás destinado a ocupar un espacio en este mundo; es ser más amable con tu cuerpo, es ser más amable con tu mente.

Creo que la verdadera felicidad, la verdadera felicidad, es encontrar a los seres humanos que cuidan de ti.  No de una manera materialista, sino más bien, encontrar a los seres humanos que cuidan de tu alma.

Que la verdadera felicidad, la verdadera felicidad, está a tu alrededor, en todo momento, clavado y floreciendo en las cosas a las que dejaste de prestar atención porque siempre estabas buscando más. Flores en tu paseo diario.

La intensidad en el aire cuando conoces a alguien y sabes que va a cambiar tu vida. La forma en que tu estómago se revuelve cuando escuchas tu canción favorita. La forma en que se sienten las pestañas de tu persona cuando parpadean en tu cuello cuando las sostienes.

Y no creo que la felicidad sea algo que encuentres, o que sea este destino al que llegas donde la noche nunca llega y eres a prueba de balas y no te afecta el caos.

Creo que el caos siempre existirá: literalmente estamos hechos de él, ni siquiera estaríamos aquí si no fuera por el choque y el golpeteo de los átomos dentro de este Universo.

No, creo que la felicidad existe en el entendimiento de que los días difíciles tienen tanta importancia como los hermosos. Creo que la felicidad existe en encontrar las cosas que nos hacen sentir conocidos, especiales y en paz en este mundo, sin importar cuán pequeñas o insignificantes se sientan, y dejar que nos salven.

Creo que la felicidad existe en aprender a abrazar la oscuridad, en aprender a verla como lo que nos hace apreciar la luz.

Así que pregúntate: ¿qué te hace querer levantarte por la mañana? ¿Qué te trae esperanza? ¿Cuáles son las cosas en tu vida que te dan ganas de seguir adelante, que te ayudan a confiar en tu viaje, que te ayudan a creer que tienes la capacidad de ser la persona que siempre has esperado ser? ¿Cuáles son los pequeños momentos, los pequeños rituales, las rutinas diarias, que te hacen sentir que estás creciendo, que encienden algo muy dentro de ti?

¿Qué te pone a tierra cuando el mundo está lleno de ruido? Tienes que prestar atención a la vida que quieres crear tú mismo porque estás a cargo de tu propia felicidad, estás a cargo de quién te conviertes. Entonces, si algo hace que tu alma sienta que finalmente está en casa, préstale atención. Ya sea un ritual, una idea, una persona o un lugar, simplemente sígalo. Solo haz tu vida tuya.

Para inspirarte a hacer un inventario de las cosas en tu vida que te brindan felicidad genuina, que te devuelven a ti mismo, que te cimentan y te ayudan a confiar en tu viaje incluso en los días más difíciles, quería compartir algunas de las mías.

Estas cosas, si bien pueden parecer pequeñas, son rituales a los que me he dedicado a abrazar, todos y cada uno de los días.

Cuando me concentro en cómo me hacen sentir estos momentos, mental, física y espiritualmente, queda muy claro que no son pequeños en absoluto.

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