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Recluso sufre erección dolorosa por 5 días tras recibir antidepresivos y acaba con daño permanente

26/06/2025 - Hace 12 meses en México

Recluso sufre erección dolorosa por 5 días tras recibir antidepresivos y acaba con daño permanente

Tendencias | 26/06/2025 - Hace 12 meses
Recluso sufre erección dolorosa por 5 días tras recibir antidepresivos y acaba con daño permanente

Lo que comenzó como un tratamiento con antidepresivos para estabilizar su salud mental, terminó siendo una pesadilla médica, física y emocional para Ernest Oliver, un joven de 22 años que interpuso una demanda federal luego de que el personal penitenciario de Rikers Island ignorara durante cinco días una emergencia médica: una erección incontrolable, extremadamente dolorosa y con consecuencias permanentes.

El caso, ya en manos del Tribunal del Distrito Este de Nueva York bajo el expediente 1:25-cv-03516, desató una ola de críticas hacia el sistema de atención médica carcelaria y las condiciones dentro del complejo penitenciario más famoso y polémico de la ciudad de Nueva York.

Oliver fue detenido en noviembre de 2022 a la edad de 19 años. Durante su estancia en el Robert N. Davoren Detention Center (uno de los recintos que conforman Rikers Island), el personal médico le prescribió Trazodona y Risperidona, dos medicamentos psiquiátricos que, combinados, pueden inducir priapismo, una condición médica en la que el pene permanece erecto sin estímulo sexual durante un tiempo prolongado.

Durante meses, Oliver manifestó sufrir erecciones involuntarias dolorosas en las mañanas. Pero el 28 de octubre de 2024, su situación se agravó: una erección persistente, extremadamente dolorosa, que se prolongó por cinco días completos. Esta condición, conocida como priapismo isquémico, debe tratarse de manera urgente durante las primeras horas para evitar daños permanentes en los tejidos.

A pesar del dolor insoportable que le impedía caminar o dormir, Oliver afirma que pidió ayuda médica en reiteradas ocasiones a varios oficiales de corrección identificados en la demanda como John y Jane Does 1-8 sin recibir ningún tipo de atención. Incluso realizó dos llamadas al sistema 311 para reportar su estado y pedir intervención. Nada cambió.

No fue sino hasta el quinto día, el 1 de noviembre, cuando una oficial llamada Hall retomó su turno, se enteró de lo sucedido y finalmente ordenó su traslado al Hospital Bellevue. Para ese momento, ya era demasiado tarde.

En el hospital, los médicos intentaron inicialmente una aspiración cavernosal, que consiste en extraer la sangre acumulada en el pene e irrigar los tejidos con solución salina y fenilefrina para reoxigenarlos. Sin embargo, debido a la viscosidad y el tiempo transcurrido, el procedimiento fracasó.

Los médicos se vieron obligados a realizar una cirugía invasiva, implantando un shunt (canal) en ambos lados del pene para restablecer el flujo sanguíneo. Aunque técnicamente se logró estabilizar la circulación, el tejido ya estaba afectado por necrosis y fibrosis grave.

A pesar de haberse programado una revisión en enero de 2025, Oliver no recibió seguimiento médico hasta marzo. El diagnóstico fue devastador: disfunción eréctil permanente, dolor crónico, acortamiento del pene y muerte interna de tejido genital.

Tras su hospitalización, Oliver fue devuelto al centro penitenciario. Lejos de encontrar comprensión, aseguró que se convirtió en objeto de burla constante por parte de los oficiales, quienes conocían su condición.

La demanda cita al Capitán Valentine diciendo: “Ya no va a causar problemas porque su pene no funciona”. Y esa no fue una excepción, sino parte de un patrón de humillación sistemática, según detalló el equipo legal que lo representa.

El bufete Bader & Yakaitis LLP sostiene que estos hechos violan las Enmiendas Cuarta, Octava y Decimocuarta de la Constitución de los Estados Unidos. Alegan que hubo una negligencia médica flagrante, un trato cruel e inhumano y una falta sistemática de protocolos de emergencia en Rikers Island, que ha sido objeto de múltiples denuncias similares en los últimos años.

Además, el caso reaviva el debate sobre la administración indiscriminada de fármacos psiquiátricos a internos, sin monitoreo adecuado de los efectos adversos.

La demanda continúa su curso, y ahora se espera que el Departamento de Correcciones de Nueva York dé una respuesta oficial. Mientras tanto, la historia de Oliver ya circula como un ejemplo extremo de lo que puede ocurrir cuando la salud y la dignidad humana son ignoradas dentro de los muros de una prisión.

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ivonneensiso

Comunicóloga apasionada, editora y reportera.

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