Semana Santa: ¿De dónde nace la costumbre de mojarse en Sábado de Gloria?
03/04/2026 - Hace 2 meses en MéxicoSemana Santa: ¿De dónde nace la costumbre de mojarse en Sábado de Gloria?
Durante décadas, el Sábado de Gloria fue una fecha marcada por juegos con agua en calles y colonias, donde familias completas salían a arrojarse cubetadas como parte de una tradición popular ligada a la Semana Santa. Sin embargo, lo que antes era una práctica común hoy puede derivar en multas económicas y sanciones administrativas debido a la crisis hídrica.
Esta costumbre tiene orígenes que se remontan siglos atrás y cuenta con diversas versiones sobre su nacimiento. Una de las más difundidas señala que, tras la muerte de Jesús, se realizaban bautizos colectivos en plazas públicas, donde sacerdotes rociaban agua a los asistentes como símbolo de renovación espiritual.
Otra explicación sitúa el origen en la Edad Media, cuando los fieles evitaban bañarse durante los días santos como señal de luto por la muerte de Jesucristo. Al llegar el sábado previo a la Resurrección, las personas retomaban el baño como un acto simbólico para limpiar sus pecados.
De tradición religiosa a festejo popular
Con el paso del tiempo, la práctica se transformó en una celebración comunitaria. En México, especialmente en barrios populares, era común ver a vecinos lanzando agua desde casas, usando mangueras o globos, e incluso creando piscinas improvisadas en plena vía pública.
La tradición se arraigó principalmente en comunidades donde el juego colectivo fortalecía la convivencia vecinal durante la Semana Santa.
Sanciones por desperdiciar agua
En años recientes, la escasez de agua llevó a las autoridades capitalinas a restringir estas prácticas. En la Ciudad de México, arrojar agua en la vía pública está regulado por la Ley del Derecho al Acceso, Disposición y Saneamiento del Agua y la Ley de Cultura Cívica, que consideran estas acciones como una infracción.
Las sanciones pueden alcanzar multas que van de 11 mil hasta más de 35 mil pesos. Además, la normativa contempla arrestos administrativos de entre 20 y 36 horas o la realización de 10 a 18 horas de trabajo comunitario.
Así, una tradición histórica que durante generaciones marcó el Sábado de Gloria ahora enfrenta restricciones ante la necesidad de cuidar uno de los recursos más escasos de la capital.







