VIDEO: Influencer rusa desata furia al burlarse del huapango mexicano
25/08/2025 - Hace 9 meses en MéxicoVIDEO: Influencer rusa desata furia al burlarse del huapango mexicano
La influencer rusa Natalia Popova, quien vive en la capital desde hace seis años, encendió las redes tras publicar en TikTok un video donde se burló de músicos callejeros que interpretaban huapango. En la grabación, calificó la interpretación como “ruido” y cuestionó que los artistas solicitaran una retribución. Su comentario fue leído como un ataque directo a una de las tradiciones musicales más queridas del país y abrió una discusión sobre respeto cultural y xenofobia inversa en internet.
De acuerdo con el video difundido por la propia creadora de contenido, Popova grabó a músicos ambulantes y se mofó de su trabajo al asegurar que no era música sino ruido. Además, criticó que pidieran cooperación, lo que usuarios interpretaron como desprecio a la economía informal artística que sostiene a miles de familias y forma parte del paisaje sonoro de la ciudad.
La publicación se volvió viral y miles de internautas reprobaron el tono de la influencer por considerarlo discriminatorio. Entre los comentarios más repetidos se leía que, si no valora las tradiciones mexicanas, “que regrese a Rusia”. Al mismo tiempo, surgieron mensajes de apoyo a los músicos y el hashtag #HuapangoEsCultura, en defensa del género como parte del patrimonio musical nacional.
Ante la presión, Popova puso en privado su perfil de TikTok, pero el flujo de críticas continuó en otras plataformas.
La polémica se avivó cuando circularon sus declaraciones de que no paga impuestos en México porque sus ingresos provienen de Rusia, postura que fue tachada de arrogante y de “vivir de México sin aportar”.
El huapango es un género con raíces profundas en diversas regiones del país, presente en fiestas comunitarias, plazas y escenarios urbanos. Para muchos mexicanos, escuchar un son huasteco o un huapango arribeño en la calle no es “ruido”: es historia viva, baile, zapateado, poesía y una forma digna de ganarse la vida. Por eso, la burla no se percibió como una crítica musical, sino como un desprecio a la identidad.
Aunque Popova cerró el acceso a su cuenta, el tema continúa. Se espera que ofrezca una disculpa pública o, al menos, aclare su postura. Entretanto, la discusión dejó una lección clara: en tiempos de viralidad, un video de segundos puede fracturar puentes o tenderlos. Esta vez, la conversación colectiva reivindicó al huapango y recordó que la música que suena en la calle también es memoria y comunidad.
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