A 131 años del nacimiento del poeta, ensayista, narrador, diplomático, Alfonso Reyes, recordamos a este intelectual figura central de la cultura mexicana que trascendió las fronteras.
De los ensayos de Reyes se encuentran Cuestiones gongorinas (1927), Simpatías y diferencias (1921-1926), Homilía por la cultura (1938), Capítulos de literatura española (1939 y 1945) y posterior a su largo exilio, Letras de la Nueva España (1948).
Hacia 1939 Reyes se instaló en México y construyó la residencia que siempre había deseado: una casa habitación integrada a una biblioteca que, en sus mejores tiempos, llegó a tener más de 20 mil volúmenes. Hoy es la Capilla Alfonsina de la Ciudad de México.
Garciadiego recordó el impacto cultural de Alfonso Reyes, ya que perteneció al Ateneo de la Juventud, el grupo cultural más importante del siglo XX, precursor de las grandes transformaciones culturales y educativas del país, además de estar vinculado al exilio español y al surgimiento del Fondo de Cultura Económica (FCE). “Alfonso Reyes volvió a ser entre 1940 y 1959 un elemento esencial en el desarrollo de la cultura nacional. Un hombre central”.
Escribió una serie de libros sobre temas clásicos, pero también sobre problemas mexicanos, americanos y temas variados: Tentativas y orientaciones (1944), Norte y Sur (1945), La X en la frente y Marginalia (1952). Entre sus traducciones también se encuentra parte de La Ilíada, de Homero (1951).
Alfonso Reyes recibió los doctorados honoris causa por la Universidad de Princeton, por la Universidad de París y la Universidad de California, en Berkeley.
Respecto a la revalorización de la obra del autor de la Cartilla moral (1944) por parte de la juventud, el doctor Javier Garciadiego explicó que a Alfonso Reyes hay que leerlo en las diversas antologías que existen acerca de él. “La mejor manera de abordarlo es mediante una antología general. Tiene obras que van a ser leídas en todas las generaciones de mexicanos, como lo son Visión de Anáhuac, Ifigenia Cruel o la Oración del 9 de febrero. Creo que ahora pasa por un buen momento en términos institucionales, hay muchos premios con el nombre de Alfonso Reyes; en términos literarios tiene muchos lectores y estudiosos, entre ellos: Martha Robles, Adolfo Castañón, Víctor Díaz Arciniega, Alberto Enríquez Perea, Fernando Curiel, Liliana Weinberg, Héctor Perea y Felipe Garrido. Son gente que promueve la obra de Reyes haciendo ensayos e introducciones. Generaciones venideras lo seguirán por su lectura grata, informada, que nos conecta con muchos mundos”, agregó.
Javier Garciadiego rememoró el momento en que surgió su fascinación por Reyes. “Un día mi asesor de tesis, el historiador Gastón García Cantú, me recomendó leer a Alfonso Reyes, era 1973 o 1974. Me enamoró desde entonces. No dejo de leerlo, prácticamente todos los días lo hago, lo tengo en mi buró. Es mi mejor amigo”, comentó.
El Regiomontano universal vivió 70 años y murió en la Ciudad de México en 1959. Fue sepultado en la Rotonda de las Personas Ilustres.
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