Visita la exposición virtual del MUAC-UNAM “La arena fuera del reloj. Memorial a las víctimas de COVID-19”
07/11/2020 - Hace 6 años enVisita la exposición virtual del MUAC-UNAM “La arena fuera del reloj. Memorial a las víctimas de COVID-19”
Ya puedes visitar de manera virtual el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) – UNAM, que alberga la más amplia colección pública de arte contemporáneo del país. Y que en esta ocasión presenta la exposición: «La arena fuera del reloj. Memorial a las víctimas de COVID-19», altar compartido y ceremonial adaptado a las condiciones de vida y tecnologías del siglo XXI. Una exposición de Lozano Hemmer.
Durante la crisis sanitaria por la COVID-19, cada muerte añade al dolor de la pérdida la imposibilidad de la expresión colectiva del luto en rituales funerarios y de despedida. Lozano-Hemmer propone la creación de un memorial remoto y participativo para las víctimas de la pandemia; para ello, convoca a los deudos y amigos de quienes han perdido la vida en 2020 a enviar retratos fotográficos que se integrarán en un homenaje llevado a cabo por medio de la telepresencia. La obra es un altar compartido y un ceremonial adaptado a las condiciones de vida y tecnologías del siglo XXI.
Este es un tiempo de pérdida inconmensurable. Aun si nos apegamos a las estadísticas oficiales, que incluso quienes las producen admiten que ofrecen una medida parcial de los hechos, más de un millón de personas han perdido la vida durante la pandemia por COVID-19, de las cuales más de cien mil han perecido en México. En algunas geografías, las muertes han duplicado o triplicado la mortalidad promedio de un año.
Esta es una etapa cruel, donde todos, en mayor o menor cercanía, hemos visto sucumbir a familiares, colegas y amigos. Nos rodea un dolor multiplicado que ha empeorado por las limitaciones para asistir a funerales y ceremonias de todo tipo, impuestas por nuestros pobres recursos de control de la pandemia: el distanciamiento y la cuarentena. Quizá la muerte jamás había sido un dato tan terriblemente privatizado. Quizá la vida nunca debería tener como destino terminar sin los gestos que dan testimonio de cada despedida, como parte de una cadena de historias y generaciones que involucran la presencia y fraternidad de los vivos, los muertos y los aún no nacidos.
Entre las múltiples posibilidades de vida que ha puesto en juego la pandemia está el derecho mismo al duelo. Esta nueva mortandad ha echado por tierra la petulancia de nuestra expectativa sobre los poderes de la medicina y la tecnología, y ha radicalizado la poco digna forma en que nuestra sociedad aborda el trabajo de acompañar la muerte de los otros.
Además del monstruoso confinamiento con que muchos experimentamos nuestra agonía aislados en el aparato de los hospitales, el peligro del contagio nos ha privado de siquiera tomar la mano de quienes amamos en el momento de su tránsito. El dolor no se mitiga y se sostiene de la experiencia colectiva del rito y la expresión pública de duelo. Casi sin remedio, hemos llegado al punto donde el dolor ocupa el más mínimo espacio posible de expresión: una docena de caracteres torpemente expresados en un mensaje electrónico.
La arena fuera del reloj de Rafael Lozano-Hemmer ofrece un intento de transformar las condiciones a las que nos ha forzado la epidemia de COVID-19 (como el aislamiento físico apenas horadado por la conexión de nuestras computadoras) para participar en una obra pública de duelo. Durante un tiempo, familiares, amigos y dolientes podrán compartir con la sociedad el rostro de aquellos a quienes apenas han despedido. Esta imagen estará visible en nuestras pantallas al ser dibujada en la arena por un dispositivo robótico. No nos equivoquemos: si bien una máquina es la autora de este retrato que se transmite a la distancia por vía de paquetes de electrones, la conexión que establece entre nosotros es una honda corriente que atraviesa nuestra mente y nuestros cuerpos. Aunque la acción ocurre en la red desmaterializada del internet, tiene como objetivo ser un memorial plenamente tangible: en tiempo real asistimos a la creación de un rostro trazado en la arena, ese medio que marca tanto paso del tiempo como nuestra propia materialidad. Esta condición está inscrita en la producción misma de la obra. A lo largo de toda la producción de esta pieza, la arena no cambia: es un mismo cuerpo que forma un número ilimitado de reflejos.
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