Así mejora la inseminación la reproducción y genética del ganado en la sierra
24/04/2026 - Hace 1 mes en Durango EstadoAsí mejora la inseminación la reproducción y genética del ganado en la sierra
Screenshot La inseminación artificial se está consolidando como una herramienta efectiva para mejorar la productividad ganadera en condiciones reales de campo, no solo por su impacto en la reproducción, sino por su capacidad para elevar la calidad genética del hato.
En la comunidad de Río Verde, en la sierra del municipio de Durango, la experiencia de Gilberto Sígala muestra que esta práctica puede marcar la diferencia cuando se combina con manejo, alimentación y seguimiento técnico.
Su historia comenzó de manera gradual. Inició con un pequeño número de vacas en Ignacio Zaragoza, donde aprendió primero a sincronizar y manejar la reproducción con apoyo técnico. Con el tiempo, ya establecido en Río Verde, dio el paso hacia la inseminación artificial y hoy suma alrededor de cinco años aplicando esta técnica de forma continua.
En este proceso ha sido clave el acompañamiento del médico veterinario Román Uviña, especialista en reproducción animal, con quien ha trabajado de manera coordinada para implementar la sincronización, inseminación y evaluación del ganado.
El cambio no fue inmediato ni automático. Implicó modificar por completo la forma de trabajar el ganado. El proceso inicia antes de la inseminación, con una preparación que puede durar entre 15 y 22 días, periodo en el que las vacas reciben alimentación intensiva y se mantienen en corral para mejorar su condición corporal.
Posteriormente se realiza la sincronización, paso clave para asegurar que los animales estén en el momento adecuado para la inseminación. Una vez realizado el procedimiento, el manejo continúa: las vacas permanecen bajo alimentación controlada durante al menos dos semanas más antes de regresar al agostadero.
El seguimiento es igual de importante. Entre los 40 y 45 días posteriores, se revisa cuáles animales lograron quedar preñados, lo que permite evaluar la efectividad del proceso y tomar decisiones sobre el manejo del hato.
“Se invierte tiempo y dinero, pero sí vale la pena”, resume Sígala, quien destaca que los beneficios van más allá del número de crías.
Uno de los principales impactos ha sido la mejora genética del ganado. Actualmente trabaja con un hato mezclado que incluye razas como Charolais, Brangus y Beefmaster, esta última elegida por su rusticidad y capacidad de adaptarse a condiciones de sequía, frecuentes en la región.
En una etapa más reciente, decidió incorporar genética Hereford, buscando mejorar características productivas como el temperamento y el rendimiento, sin perder la adaptación del ganado al entorno serrano.
Esta estrategia responde a una necesidad clara: producir animales más resistentes y eficientes en un contexto donde el clima es cada vez más variable y la disponibilidad de recursos limita las decisiones productivas.
Además, el contexto del mercado también ha obligado a los productores a adaptarse. Ante las dificultades para exportar ganado, Sígala ha optado por alimentar más a sus animales para llevarlos a un peso adecuado y colocarlos en el mercado nacional, donde puede obtener mejores condiciones de venta.
En este escenario, la inseminación no solo mejora la reproducción, sino que permite planear mejor la producción y elevar la calidad del ganado que llega al mercado.
La experiencia en Río Verde también evidencia que estas prácticas no están generalizadas. En muchas comunidades, la reproducción del ganado sigue dependiendo de métodos tradicionales, con disponibilidad limitada de sementales y sin control sobre los procesos reproductivos.
Frente a ello, la inseminación se presenta como una alternativa viable, aunque no exenta de retos. Requiere inversión, conocimiento técnico y, sobre todo, disposición a cambiar prácticas arraigadas en el campo.
Otro factor que juega a favor en esta comunidad es la capacidad de producir su propia pastura. En Río Verde, los productores siembran avena y maíz para alimentar a su ganado, lo que permite sostener estrategias como la preparación previa a la inseminación y mantener a los animales en buena condición corporal.
Este tipo de condiciones facilita la implementación de prácticas más tecnificadas, aunque también deja claro que los resultados dependen de un conjunto de factores y no de una sola decisión.
La experiencia de Gilberto Sígala confirma que la inseminación artificial sí funciona en la sierra de Durango, pero no como una solución inmediata, sino como parte de un sistema de manejo más completo.
En un entorno donde cada vez es más necesario producir mejor con los mismos o menos recursos, la mejora genética y la eficiencia reproductiva dejan de ser una opción y se convierten en una estrategia clave para la rentabilidad del sector ganadero.




