Chile criollo mantiene viva la tradición agrícola en Durango
07/03/2026 - Hace 3 meses en Durango EstadoChile criollo mantiene viva la tradición agrícola en Durango
Para Nemesio Ramírez, productor de la comunidad de Orizaba, en el municipio de Poanas, el chile criollo no es solo un cultivo: es una tradición que ha pasado de generación en generación en su familia. Desde hace décadas mantienen la práctica de seleccionar su propia semilla para seguir sembrando variedades que se han adaptado a las condiciones del campo duranguense.
“Nosotros mismos sacamos la semilla de nuestros cultivos y seguimos sembrando chile criollo”, explicó el productor al destacar que esta práctica les ha permitido conservar la calidad del producto y mantener su presencia en el mercado.
La familia Ramírez es reconocida en la región por su trayectoria en la producción de chile y por mantener la selección tradicional de semilla criolla, una práctica que durante años ha permitido conservar variedades adaptadas al clima y a los suelos de esta zona del estado.
Durante el programa Aquí hay Campo, productores e investigadores analizaron el papel que mantiene la semilla criolla en la producción de chile en Poanas, una de las regiones históricas de este cultivo en Durango.
Ramírez señaló que en su parcela cultivan variedades criollas como chile puya y chile ancho, de las cuales obtienen su propia semilla para las siguientes siembras, una práctica que ha permitido conservar la calidad del cultivo y mantener su presencia en el mercado.
El productor reconoció que las semillas híbridas pueden ofrecer mayor rendimiento o una cosecha más rápida, pero aseguró que el criollo sigue teniendo demanda por sus características particulares y por el tipo de producto que se obtiene al secarlo.
Por su parte, el ingeniero Humberto Velázquez explicó que el cultivo de chile ha sido históricamente uno de los más importantes para los productores de esta región, aunque en los últimos años enfrentó dificultades por problemas de mercado y enfermedades que afectaron la producción.
Recordó que hace algunos años la presencia de virosis provocada por la mosca blanca provocó una fuerte caída en la superficie sembrada de chile en esta zona del estado.
Especialistas explicaron que las semillas criollas no son necesariamente materiales inferiores, como suele pensarse, sino que representan una base genética adaptada a las condiciones locales, resultado de años de selección por parte de los propios agricultores.
El investigador Evenor Cuéllar destacó que los productores pueden mejorar sus propios materiales criollos mediante selección en campo, identificando las plantas con mejores características de vigor, tamaño de fruto o productividad para utilizar su semilla en ciclos posteriores.
Este proceso permite conservar la identidad genética del cultivo y, al mismo tiempo, aumentar su rendimiento sin perder las características que lo distinguen.
En la región de Poanas, el cultivo de chile ha tenido altibajos en los últimos años. Hace más de una década se registró una fuerte caída en la superficie sembrada debido a la aparición de virosis transmitidas por mosca blanca, lo que redujo la producción de alrededor de cuatro mil hectáreas a apenas unas trescientas.
Con el control de estas enfermedades y el trabajo de técnicos y productores, el cultivo ha comenzado a recuperarse gradualmente y nuevamente se observa interés por parte de agricultores que buscan alternativas productivas frente a la incertidumbre en cultivos tradicionales como maíz o frijol.
El chile también destaca por su impacto económico en las comunidades rurales. Se estima que una hectárea puede generar hasta 150 jornales durante el ciclo productivo, lo que convierte a este cultivo en uno de los que más empleo genera en el campo.
Además de la producción en fresco, el chile de la región puede deshidratarse para su comercialización, lo que amplía su vida de anaquel y abre oportunidades en distintos mercados.
Rubén Ramírez explicó que en la comunidad también operan secadoras de chile, instalaciones que permiten procesar el producto y reducir pérdidas cuando la producción es alta. Señaló que estas instalaciones surgieron ante la necesidad de no depender de otras secadoras donde los productores debían esperar turno durante días, lo que provocaba deterioro en el producto.
El productor indicó que en su caso decidieron construir su propia secadora para mejorar la calidad del chile deshidratado, aunque esto implica mayores costos de operación. Sin embargo, destacó que trabajar con mayor cuidado en el proceso permite obtener un producto con mejor color y mayor calidad para su comercialización.
Durante el análisis también se abordó el debate entre el uso de semillas criollas y variedades híbridas. Mientras algunos productores consideran que los híbridos ofrecen mayores rendimientos o resistencia a enfermedades, otros sostienen que el criollo mantiene ventajas en sabor, adaptación y preferencia en ciertos mercados.
Los especialistas coincidieron en que ambas opciones pueden ser viables, siempre que el productor elija la que mejor se adapte a sus condiciones de suelo, clima y mercado.
La conversación formó parte del análisis realizado en el programa Aquí hay Campo, donde especialistas y productores revisan los retos actuales del campo duranguense y las alternativas productivas que pueden fortalecer la agricultura regional.
Hoy, mientras la agricultura enfrenta cambios tecnológicos y nuevas exigencias de mercado, el chile criollo continúa siendo una muestra de que la tradición agrícola y el conocimiento acumulado por generaciones de productores siguen teniendo un lugar importante en el campo duranguense.




