Menos agua, más tecnología: la apuesta de los hermanos Hildebrand
05/06/2026 - Hace 1 hora en Durango EstadoMenos agua, más tecnología: la apuesta de los hermanos Hildebrand
En el campo duranguense, donde cada vez pesan más los altos costos de producción, la incertidumbre de los mercados y la disponibilidad de agua, algunos agricultores han entendido que seguir haciendo las cosas como hace 20 o 30 años ya no es una opción. En Nuevo Ideal, los hermanos Jacobo y David Hildebrand son ejemplo de esa transformación.
Desde niños crecieron entre parcelas. Acompañaban a su padre al campo cuando la producción giraba principalmente en torno al maíz y la avena para alimentar ganado. Hoy, varias décadas después, la realidad es distinta: producen elote dulce, chile, repollo, sandía y frijol; utilizan riego por goteo, acolchado plástico y fertirriego; generan empleo y buscan aprovechar las oportunidades de mercado que ofrecen los cultivos hortícolas.
“Ya cambió mucho”, resume David Hildebrand al recordar los años en que acompañaba a su padre a trabajar la tierra.
“Cuando yo estaba chiquito mis papás no tenían de riego, era puro temporal. Sembrábamos maíz y avena para el forraje de las vacas”, recuerda.
Con el paso de los años, las condiciones del campo comenzaron a cambiar. Los costos aumentaron, el agua se volvió un recurso cada vez más valioso y la necesidad de obtener mejores ingresos obligó a muchos productores a replantear sus estrategias.
“Ya necesitamos tener muchas vacas para que nos convenga y no es posible tener muchas vacas cada vecino. Nosotros nos fuimos con las hortalizas y aquí andamos con la sandía, repollo, chile y los elotes dulces”, explica.
La diversificación se convirtió en una herramienta para reducir riesgos.
Actualmente siembran diferentes variedades de chile, repollo, sandía y tres materiales de maíz para elote, además de mantener superficies de frijol Pinto Saltillo en temporal.
Para Jacobo Hildebrand, el frijol sigue siendo una de las mejores opciones para la región.
“El Pinto Saltillo yo lo recomiendo. Acá para nuestra región es el que más demanda tiene”, afirma.
La recomendación no surge de la teoría. El año pasado lograron rendimientos cercanos a 1.8 toneladas por hectárea, una de las mejores cosechas que recuerdan.
“Fue un año muy bueno que nosotros no habíamos tenido tanta cosecha”, comenta.
Sin embargo, más allá de los cultivos, la verdadera transformación ocurrió en la forma de producir.
Hace aproximadamente siete años comenzaron a incorporar acolchado plástico y sistemas de riego por goteo, tecnologías que hoy consideran indispensables para aprovechar mejor el agua disponible.
En una de las parcelas visitadas por el programa Aquí Hay Campo, los hermanos trabajan con un pozo de apenas 20 litros por segundo para abastecer alrededor de 15 hectáreas de producción hortícola.
Lo que hace algunos años habría parecido insuficiente, hoy es posible gracias al uso eficiente del recurso.
Durante el recorrido, el ex investigador del INIFAP, Evenor Cuéllar, destacó precisamente ese aspecto.
Aunque el pozo es considerado pequeño para muchos esquemas agrícolas, explicó que la combinación de goteo, acolchado y manejo técnico permite mantener una producción intensiva con una mayor eficiencia hídrica.
“Aquí ya no vemos surcos llenos de agua, no vemos regaderas ni cabeceras con humedad. Solamente está húmedo donde está la planta”, observó.
La diferencia es evidente. Mientras el riego tradicional distribuye agua en toda la superficie, el sistema utilizado por los hermanos Hildebrand dirige la humedad directamente a la raíz de cada planta.
“Cada año se ven más vecinos que también se animan a la cintilla y al goteo porque de agua rodada se está yendo el agua y ya no se puede regar mucho”, señala David.
La tecnología también ha cambiado la forma de fertilizar.
Actualmente aplican nutrientes directamente mediante el sistema de riego, utilizando fertilizantes solubles que llegan a la planta junto con el agua.
Cuéllar destacó que este esquema permite aprovechar mejor los fertilizantes y responder de manera más eficiente a un escenario donde los insumos agrícolas registran incrementos constantes.
El manejo técnico alcanza incluso el control de plagas y enfermedades.
Los productores ajustan horarios de aplicación, monitorean insectos y modifican estrategias según las condiciones climáticas para evitar pérdidas de producto y reducir desperdicios.
El clima, precisamente, es otro de los factores que ha obligado a modificar la forma de trabajar.
En el caso de la sandía, por ejemplo, buscan cosechar antes de la temporada fuerte de lluvias para evitar daños por exceso de humedad.
“Tratamos de sacarlas en los últimos de junio porque después vienen las lluvias y a veces se nos pudre”, explica Jacobo.
Además, han construido zanjas y sistemas de conducción de agua para proteger los cultivos cuando se presentan precipitaciones intensas.
La diversificación también les permite enfrentar mejor la volatilidad de los mercados.
Mientras algunos productos atraviesan periodos de precios bajos, otros pueden ofrecer mejores oportunidades de comercialización, reduciendo la dependencia de un solo cultivo.
Ese modelo productivo también genera empleo en la región.
Actualmente trabajan con cuadrillas de alrededor de 17 personas para diversas labores agrícolas, aunque durante las etapas de cosecha la demanda de mano de obra aumenta considerablemente.
“Cuando estamos cosechando llegamos a tener hasta 30 o 40 personas”, comenta David.
En un contexto donde muchos productores enfrentan dificultades por el aumento en los costos de fertilizantes, combustibles, mano de obra y agua, la experiencia de los hermanos Hildebrand muestra cómo la adaptación puede convertirse en una ventaja competitiva.
Su historia refleja una realidad que cada vez se observa con más frecuencia en el campo duranguense: producir ya no depende únicamente de sembrar, sino de administrar mejor el agua, incorporar tecnología, diversificar cultivos y entender las nuevas condiciones del mercado.
Lo que comenzó como una agricultura enfocada principalmente en maíz y avena para alimentar ganado evolucionó hacia un modelo más diversificado, tecnificado y orientado a la eficiencia. Una apuesta que busca demostrar que, frente a los desafíos del presente, el futuro del campo puede construirse produciendo más con menos recursos.




