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DE MÉXICO A LA ÓRBITA LUNAR: ARTEMIS II, INGENIO NACIONAL Y UNA TORTILLA SIN GRAVEDAD

21/04/2026 - Hace 1 mes en Durango Estado

DE MÉXICO A LA ÓRBITA LUNAR: ARTEMIS II, INGENIO NACIONAL Y UNA TORTILLA SIN GRAVEDAD

Zona de Debate | 21/04/2026 - Hace 1 mes
DE MÉXICO A LA ÓRBITA LUNAR: ARTEMIS II, INGENIO NACIONAL Y UNA TORTILLA SIN GRAVEDAD

Por: Gilberto Jiménez

La exploración lunar volvió a colocarse en el centro de la escena tras 57 años sin misiones tripuladas con destino a la Luna. La NASA dio ese siguiente paso con Artemis II, un vuelo de 10 días en el que cuatro astronautas viajaron a bordo de la nave Orión para orbitar el satélite natural sin descender en su superficie. Aunque no hubo alunizaje, esta misión resultó determinante para comprobar que los sistemas funcionaran correctamente antes de intentar el regreso humano al suelo lunar.

Dentro de este ambicioso proyecto destacó la participación de talento mexicano. Luis Adolfo Saucedo, ingeniero con más de dos décadas de experiencia en la NASA, ocupó un papel clave como subdirector de los módulos que conforman la nave Orión, el vehículo encargado de transportar a futuras tripulaciones hacia la órbita lunar. Su intervención fue particularmente relevante tras Artemis I, la misión no tripulada que dejó al descubierto un desgaste inesperado en el escudo térmico de la cápsula.

A partir de ese hallazgo, Saucedo coordinó una serie de estudios y pruebas técnicas para entender el comportamiento del material durante el reingreso a la atmósfera. El análisis permitió identificar las causas del deterioro y, sobre todo, implementar ajustes en el diseño y en los protocolos de descenso. Estas mejoras fueron esenciales, considerando que el reingreso representa uno de los momentos más críticos en cualquier misión espacial debido a las temperaturas extremas que enfrenta la nave.

La aportación del ingeniero mexicano no solo fue técnica, sino también simbólica. Su participación confirmó la presencia de especialistas latinos en proyectos de alto nivel dentro de la exploración espacial contemporánea, en un momento en que la humanidad busca retomar su relación con el espacio profundo.

Pero no todo en Artemis II fue ingeniería y cálculos. También hubo espacio —literalmente— para la cultura, incluso en algo tan cotidiano como la comida. Durante los 10 días de misión, los astronautas consumieron alimentos previamente seleccionados por expertos, diseñados para conservarse a temperatura ambiente, sin refrigeración y sin posibilidad de reabastecimiento. En este menú hubo carne, frijoles, almendras, café, jugos y bebidas saborizadas, dos por día para cada integrante de la tripulación.

Sin embargo, el verdadero protagonista del menú fue un alimento sencillo, pero estratégico: la tortilla. A bordo viajaron 58 piezas, poco más de un kilo en total. Su presencia no fue casual. En el espacio, las migajas representan un riesgo, ya que pueden infiltrarse en sistemas eléctricos y comprometer la misión. A diferencia del pan tradicional, la tortilla no genera residuos peligrosos, lo que la convirtió en una opción ideal.

Este elemento tuvo además un antecedente histórico. Fue el astronauta mexicano Rodolfo Neri Vela quien introdujo las tortillas en misiones espaciales en 1985. Desde entonces, se han mantenido como parte del menú de la NASA. Como explica el astronauta Chris Hadfield en su libro, las tortillas sustituyen al pan precisamente por su practicidad en condiciones de ingravidez.

Puede que no hayan sido las más sabrosas en esas condiciones, pero su utilidad las convirtió en una aportación mexicana permanente a la vida fuera de la Tierra.

Artemis II también llevó consigo algo más que tecnología y alimentos: memoria. A bordo viajaron los nombres de casi cinco millones de personas que se registraron previamente, entre ellos los de 52 personas desaparecidas en México. La iniciativa fue impulsada por Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León, con la intención de que una pequeña representación de estas ausencias estuviera presente en una misión histórica.

Así, entre cálculos orbitales, pruebas térmicas y alimentos sin migajas, Artemis II no solo marcó un avance en la exploración espacial, sino que también dejó ver cómo la ciencia, la identidad y la memoria pueden viajar juntas más allá de la Tierra.

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