GREGUERÍAS GREGARIAS
Por: JUAN FRANCISCO ARROYO HERRERA
En la entrega anterior aludimos al revuelo que han causado los corridos “tumbaos”, neologismo inventado, no sabemos por quién, pero en él se incluyen dantescas hazañas de las personas malas y maloras que con reyertas solucionan sus desavenencias. Hay quienes dicen que los poderosos que andan en el asunto pagan a noveles y vulnerables compositores, que por la necesidad de llegar a la fama a como dé lugar, pergeñan y garabatean lo que suponen, son versos para dejar constancia en este mundo de la vida y obra de los “atravesados”. Con ese propósito ahondaremos en el tema.
Cuentan los gramáticos, literatos y retóricos que el origen de la poesía oral convertida luego en canción empezó en plazas públicas y mercados. Eran juglares que iban de ciudad en ciudad cantando en irregulares versos las hazañas de héroes y guerreros regionales. En el Siglo XIII aparece el méster de clerecía o poesía de los clérigos, de letrados y eruditos. El arcipreste de Hita, Juan Ruíz, autor del libro del Buen amor “la comedia humana del Siglo XV”, canta a la Virgen María. Alfonso el sabio, gran poeta, consagra la prosa castellana como lengua y expresión literaria, ordena las Siete partidas, reúne crónicas y poemas épicos.
El romancero surge de los antiguos juglares. Los romances son composiciones breves en versos octosílabos, narran leyendas, episodios, escenas y personajes de la antigua epopeya y luego de hechos contemporáneos, temas de la antigüedad, grecolatina; líricos, caballerescos y novelescos. Así surgen las diversas formas literarias, empezando por el Lirismo cortesano, en oposición al arte popular del romancero. Es refinado e influido por la poesía italiana con recuerdos latinos, metafísicos de retóricos escolásticos, siendo su representante Juan de Mena.
La obra más conocida es la de Jorge Manrique con su elegía a la muerte de su padre, el maestre don Rodrigo. Continúan los libros de caballerías de la corriente realista que inspira el romancero; es una reacción más idealista que hace nacer un nuevo género literario: novela de caballerías. Canta a la aventura, al amor exaltado por una dama perfecta, al ideal de justicia y de verdad. Amadis de Gaula es el más antiguo y célebre. Ejerce una enorme influencia en la sociedad. La cima y caricatura de esa sociedad es la célebre obra de Miguel de Cervantes Saavedra y su clásico don Quijote de la Mancha.
Surge la Celestina, primera tentativa de la literatura con la tragicomedia de Calixto y Melibea, escrita por el judío converso Fernando de Rojas, más conocida como la Celestina, que se encuentra equidistante entre el teatro y la novela. En esta etapa el teatro abandona los temas esencialmente religiosos y se acerca a la vena popular que inspirará la literatura del Siglo de oro. La Celestina tiene puntos de contacto con el teatro de Shakespeare; fuentes del teatro latino e italiano, pero lo sobrepasa por la densidad psicológica de sus personajes; su pasión, atmosfera en que se mueven, el arte en la acción de veintidós actos y su realización escénica. Influyó en la novela y teatro; así pasa un siglo, antes de que España tenga un verdadero teatro.
El Renacimiento en España comienza con Carlos V y se convierte en la primera potencia mundial. Triunfa la poesía por el renacimiento italiano. Juan Boscan, Antonio de Guevara, que extiende el eufemismo del inglés Lily y el preciosismo francés de estilo rebuscado. (Pero como ya lo veo cansado, continuaremos en la siguiente entrega, si usted y el Altísimo no disponen otra cosa).




