Los jóvenes, comida para chapulines
POR: IVÁN RAMÍREZ M.
Yo también fui joven, diría mi abuelo. Cuando era líder estudiantil en la facultad de derecho, una de las cosas que más me molestaba era el ver cómo nomás nos querían para llenar eventos políticos y aplaudir como focas. Siempre me opuse a ello y traté de trasmitir esa postura y rebeldía a mis demás compañeros(as) presidentes(as) de las escuelas y facultades. Por eso mismo nunca me alineé o subordiné a una federación estudiantil; obviamente después me la cobraron, pero la satisfacción de defender lo que crees es algo que nadie te arrebatara jamás.
Hoy se habla de una base lista para el relevo generacional, pero sigo viendo a jóvenes agazapado con intentos de despegar, mojándose el dedo índice para alzarlo sobre su cabeza buscando calcular la fuerza y el sentido del viento. Toman una pose de seguridad, pero a la vez sus ojos delatan ese temor a equivocarse.
Se refugian y cobijan en lo que tienen cerca o en quienes consideran pueden impulsarlos o protegerlos; a veces esto los expone a ser utilizados por vividores de la política.
Me gusta ver lo que publican en redes, sean reflexiones, análisis políticos, ataques o defensas. Unas acertadas y otras no, pero es parte del aprendizaje, es por lo que muchos pasamos y esto también es formación.
He visto irreverencias sin sentido, pero también reverencias innecesarias, porque la dignidad es algo que debe cuidarse desde temprana edad.
Algunos de ellos no llegaron ayer, ya tienen tiempo buscándole, preparándose, participando, haciendo lo que les dicen cual si fuera una novatada en una fraternidad gringa. Pero nuevamente, en esta elección pasada, se quedaron en la banca o en espacios de relleno o en los que nunca iban a llegar. Pero los que sí llegaron, otra vez, son los mismos de siempre y otros nuevos que salieron de quien sabe dónde.
Veo jóvenes preparados académicamente con una idea de lo que debe ser la esencia del movimiento, aunque solo la conozcan de letras y oídas, porque eran unos niños cuando unos cuantos locos y tercos luchábamos contra corriente por un proyecto en el que pocos creían.
Hoy sus retos son diferentes, sus pies están en piso firme, están en un partido que gobierna y tiene aceptación social. Pero irónicamente esto no se ha traducido en la apertura de espacios para ellos, solo les pasean por la nariz el plato con las candidaturas o cargos públicos donde puedan demostrar de lo que son capaces.
Los jóvenes seguirán siendo el eterno futuro, pero no el presente, mientras los mismos de siempre sigan sin hacerse a un lado, aferrándose a espacios y teniendo una presencia que ya cansó la vista de los ciudadanos.
Decir que los jóvenes son el futuro mientras los enterramos con ambiciones “chapulinescas” es sentenciar la continuidad de un proyecto.




