Violencia porril en el Senado
Por: Margarita Valdez
El pasado 27 de agosto se presentó en la sede del Senado un vergonzoso espectáculo. Una riña iniciada bajo el argumento de la modificación del orden del día y la eliminación de una ronda de posicionamientos.
Si modificar el orden del día fuera motivo para desatar grescas, habría escenas similares frecuentemente. La mesa directiva tiene la atribución de presentarlo, pero es el pleno, máxima autoridad, quien cuenta con la facultad de modificarlo cuando lo considere pertinente, también se usó de pretexto para desatar la bronca el no conceder la palabra a un senador priista.
Como quedó registrado, hicieron uso de la tribuna los priistas Manuel Añorve y Rubén Moreira en varias ocasiones; el senador Alejandro Moreno dejó pasar oportunidades, pues quería hacer un cierre con una pieza de oratoria que según él lo compararía con el mismo Winston Churchill. Si los legisladores que tienen intervenciones preparadas y el derrotero de la sesión les impide llegar a la tribuna, reaccionaran violentamente, habría broncas un día sí y otro también. Las y los legisladores deben tener la madurez para no reaccionar violentamente ante las circunstancias y contratiempos propios del trabajo parlamentario.
Como testigo presencial, puedo afirmar que la fracción priista tenía preparada la farsa; desde el inicio insultó con palabras irrepetibles en estas páginas, además llevaron a las y los diputados, no integrantes de la Comisión Permanente a mascullar improperios y actuar como celadores en torno a la Mesa Directiva.
Los legisladores llevan en sus alforjas bagaje y experiencias previas; y quienes fueron porros también arrastran sus prácticas y cultura violenta al parlamento. La actuación de Alejandro Moreno como porro universitario está plenamente documentada, como la agresión a la rectoría de la UAC en 1999 y el asalto al Congreso campechano en junio de 2000.
El porrismo fue una de las formas del antiguo régimen para cooptar a los jóvenes, amedrentar a los adversarios y hasta asesinar a los opositores. Quienes actualmente dirigen al PRI se regodean en su violencia y la presumen, como fieles herederos de la política de sangre y terror de Gustavo Diaz Ordaz. Una de las ventajas de que el PRI vaya en proceso de extinción es que los grupos porriles ligados a ese partido también dan sus últimos y violentos estertores.
En tanto, desde el Senado de la República ofrecemos una disculpa a la ciudadanía por el bochornoso suceso y nos comprometemos a seguir el ejemplo de la presidenta Sheinbaum: “cabeza fría y no caer en provocaciones”.




