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Confió en ChatGPT para un dolor de garganta ahora enfrenta cáncer terminal

02/09/2025 - Hace 9 meses en Internacional

Confió en ChatGPT para un dolor de garganta ahora enfrenta cáncer terminal

Tendencias | 02/09/2025 - Hace 9 meses
Confió en ChatGPT para un dolor de garganta ahora enfrenta cáncer terminal

La historia de Warren Tierney, un padre de 37 años originario de Killarney, Irlanda, se convirtió en un duro recordatorio sobre los límites del uso de la inteligencia artificial en temas de salud. Lo que comenzó como un dolor de garganta persistente terminó revelando un diagnóstico devastador: cáncer de esófago en etapa cuatro.

Tierney, expsicólogo, decidió acudir a ChatGPT, un sistema de inteligencia artificial, para consultar sus síntomas mientras cuidaba a su esposa, quien atravesaba un embarazo complicado. Entre la carga familiar y su propia creencia de que “no necesitaba ver a un médico”, fue retrasando la visita al hospital. Durante semanas, compartió detalles de su malestar con el chatbot, desde la dificultad para tragar hasta la posibilidad de que su dolor fuera muscular.

Retrato familiar de Warren Tierney y su esposa Evelyn Dore. (Especial)

El sistema respondió con explicaciones y hasta con frases de tono tranquilizador, descartando la probabilidad de cáncer. Con ello, Warren pospuso su atención médica hasta que finalmente, tras insistencia de su esposa, acudió a urgencias y recibió la noticia que cambiaría su vida.

Según relató al Daily Mail, las conversaciones con la IA adquirieron incluso tintes coloquiales. En un momento, llegó a advertirle al chatbot que lo demandaría si resultaba ser cáncer. La respuesta fue ligera: que no haría falta porque, de ser así, el propio sistema “escribiría su declaración jurada y hasta le compraría una Guinness”.

Ese intercambio, que en su momento le generó confianza, terminó convirtiéndose en uno de sus mayores arrepentimientos. Hoy, Tierney reconoce que confiar demasiado en las respuestas de un sistema no especializado retrasó de forma peligrosa su diagnóstico.

OpenAI, la compañía detrás de la herramienta, reiteró que sus servicios “no están destinados a diagnosticar ni tratar condiciones médicas” y que siempre deben complementarse con atención profesional. De hecho, en sus términos de uso señala que la plataforma busca alentar a las personas a consultar con especialistas en salud y no reemplazarlos.

El caso de Tierney, sin embargo, evidencia cómo la comodidad y la saturación de los sistemas sanitarios pueden empujar a los usuarios a confiar más de lo debido en estas tecnologías.

Evelyn, su esposa, no se ha quedado de brazos cruzados. Tras el diagnóstico, inició una campaña de recaudación en línea para buscar tratamientos en el extranjero, en países como Alemania o India, donde aún se ofrecen terapias con intención curativa. En Irlanda, denuncian, solo se les ha planteado la vía de cuidados paliativos.

La pareja enfrenta no solo la incertidumbre médica, sino también el reto de garantizar tiempo de calidad con sus hijos. “Cada día es el más estresante de mi vida”, confesó Warren, dividido entre intentar sobrevivir y aprovechar el tiempo junto a su familia.

Más allá de la tragedia personal, la historia de este irlandés puso sobre la mesa la creciente dependencia hacia la inteligencia artificial en aspectos sensibles de la vida cotidiana. Mientras la tecnología avanza, se plantea un dilema: ¿hasta dónde confiar en sistemas diseñados para conversar, pero no para diagnosticar, cuando la salud está en juego?

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ivonneensiso

Comunicóloga apasionada, editora y reportera.

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