Ciencia y Tecnología

Voyager 1 al borde de un récord histórico

09/12/2025 - Hace 6 meses en México

Voyager 1 al borde de un récord histórico

Ciencia y Tecnología | 09/12/2025 - Hace 6 meses
Voyager 1 al borde de un récord histórico

La histórica sonda Voyager 1, lanzada por la NASA en 1977, está por alcanzar un nuevo límite en su travesía por el espacio profundo. En noviembre de 2026, la nave se situará a un día-luz de distancia de la Tierra, una marca que ninguna otra misión ha logrado. Esto significa que cualquier señal enviada desde nuestro planeta tardará 24 horas en alcanzarla, y otro día más en recibir una respuesta. En términos físicos, un “día-luz” equivale a 26,000 millones de kilómetros, una escala que refleja cuán lejos ha viajado este laboratorio flotante.

 

Actualmente, Voyager 1 se encuentra a más de 25,400 millones de kilómetros de la Tierra, moviéndose a unos 61,000 km/h, y continúa aportando datos científicos desde el espacio interestelar, una región más allá de la heliosfera donde el Sol deja de ser dominante. Su hermana, Voyager 2, sigue una trayectoria distinta y alcanzará la marca del día-luz hasta 2035, aunque es poco probable que permanezca operativa para entonces.

 

Pese a su edad —casi 50 años en funcionamiento— Voyager 1 enfrenta grandes retos técnicos. La señal que emite llega a la Tierra con una intensidad extremadamente débil y una velocidad de transmisión similar al viejo internet de dial-up: apenas 160 bits por segundo. Aun así, los ingenieros logran descifrar su estado y recibir datos científicos, empleando múltiples antenas para amplificar la tenue comunicación.

La gerenta del proyecto, Suzy Dodd, resalta que la distancia extrema obliga a trabajar con tiempos de espera inéditos. Ella lo resume así: si un comando se envía un lunes a las 8:00 a. m., la respuesta llegará el miércoles a la misma hora. Además, explica que ambas sondas cuentan con sistemas capaces de entrar en “modo seguro” de manera autónoma, preservando su energía hasta que pueda reenviarse una instrucción desde la Tierra.

 

Con energía limitada, el equipo ha tenido que elegir qué instrumentos mantener activos. Este proceso implica sacrificar sensores y sistemas de calefacción esenciales para evitar que líneas de propelente se congelen —un riesgo que podría desviar la antena y dejar la nave incomunicada para siempre—. Las prioridades ahora se centran en conservar encendidos instrumentos clave como el magnetómetro, el Subsistema de Rayos Cósmicos y el Subsistema de Ondas de Plasma, vitales para estudiar la interacción entre el viento solar y el espacio interestelar.

Esa frontera, conocida como heliopausa, funciona como una especie de orilla cósmica: una zona donde las “olas” del viento solar se encuentran con el material interestelar. Las Voyager ayudan a medir estas variaciones, trazando un mapa del comportamiento del entorno a medida que se alejan del Sol.

Aunque el equipo prevé que al menos una de las sondas podrá seguir activa entre dos y cinco años más, la dificultad aumenta cada temporada. Sin embargo, el proyecto se mantiene gracias a un esfuerzo colectivo donde colaboran ingenieros jóvenes y especialistas jubilados de más de 80 años, algunos de los cuales participaron en la construcción original de las naves.

 

Para Dodd, el valor de la misión es incalculable: “Son nuestras embajadoras en el espacio interestelar”. Y lo seguirán siendo mientras su débil pero constante voz siga llegando desde el extremo más remoto alcanzado por la humanidad.

 

 

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