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La fumata amarilla: el humo que el Vaticano olvidó (y que casi nadie vio)

08/05/2025 - Hace 1 año en México

La fumata amarilla: el humo que el Vaticano olvidó (y que casi nadie vio)

Tendencias | 08/05/2025 - Hace 1 año
La fumata amarilla: el humo que el Vaticano olvidó (y que casi nadie vio)

Mientras el mundo católico observaba con atención cada bocanada de humo que brotaba de la chimenea del Vaticano durante el Cónclave, pocos saben que hubo un tiempo en el que un tercer color se mezclaba con el cielo romano: la fumata amarilla. Ese misterioso humo, que alguna vez formó parte del ritual más esperado por la Iglesia, fue eliminado hace casi dos décadas y hoy es apenas una anécdota olvidada.

Un humo que anunciaba… nada

La fumata amarilla, también conocida como fumata gialla, no era ni buena ni mala noticia. No señalaba la elección de un nuevo Papa ni la falta de consenso entre cardenales. Era, en esencia, una prueba técnica: una manera de asegurarse de que el sistema de chimeneas funcionaba correctamente antes de que comenzaran las votaciones reales. Un humo que salía antes de cualquier decisión, para probar que todo estaba en orden.

Pero aunque su intención era puramente funcional, su aparición tenía un curioso efecto. Para muchos fieles reunidos en la Plaza de San Pedro, era la primera señal visible de que el Cónclave estaba a punto de comenzar. Un humo tenue, amarillo pálido, casi imperceptible… pero que bastaba para generar revuelo entre los más atentos.

El uso de esta fumata especial llegó a su fin tras el Cónclave de 2005, cuando fue elegido el papa Benedicto XVI. Desde entonces, el Vaticano modernizó su sistema de señalización: se añadieron nuevos componentes químicos para definir mejor los colores, se reforzó la combustión y se eliminó la necesidad de realizar pruebas visibles al exterior.

Según reportes de medios italianos como La Repubblica, ya no era necesario mostrar el ensayo de funcionamiento. La nueva tecnología aseguraba que tanto el humo blanco como el negro serían perfectamente distinguibles. Así, el amarillo quedó relegado al archivo histórico.

El uso de fumatas como medio de comunicación se remonta, según algunos historiadores, al siglo XIX, aunque no hay una fecha exacta de su origen. Lo que sí se sabe es que el Vaticano necesitaba una manera universal, inmediata y simbólica de transmitir los resultados de un evento que ocurre completamente a puertas cerradas: la elección papal.

El humo fue la respuesta perfecta: visible desde cualquier rincón de la Plaza de San Pedro, inconfundible, cargado de simbolismo. La fumata blanca indica que hay nuevo Papa. La fumata negra, que aún no hay consenso. Y en el pasado, la amarilla decía: Estamos casi listos.

Cómo funcionan hoy las fumatas

En la actualidad, el humo se genera a través de un sistema doble de estufas dentro de la Capilla Sixtina. Una quema las papeletas de votación, mientras la otra emite el color necesario gracias a una mezcla específica de químicos.

  • Para la fumata negra, se usa una mezcla con alquitrán y otras sustancias oscuras.
  • Para la fumata blanca, se recurre a una fórmula con clorato potásico, lactosa y colofonia.

Estas mezclas garantizan colores definidos, sin las confusiones que ocurrieron en el pasado, cuando el humo grisáceo generaba especulación e incluso falsas alarmas.

El ritmo del Cónclave y las señales al mundo

El actual Cónclave, como los anteriores, se rige por un horario estricto. Hay dos votaciones por la mañana y dos por la tarde. Solo tras cada par de votaciones se emite una fumata. Por eso, los fieles saben que deben mirar al cielo alrededor del mediodía y del atardecer.

Y aunque el humo amarillo ya no forma parte del protocolo, su recuerdo sigue flotando entre los detalles olvidados de la historia vaticana. Para algunos, fue un símbolo silencioso de preparación; para otros, una rareza técnica que simplemente dejó de tener sentido.

Un símbolo que se desvaneció

Hoy, cuando el mundo entero esperó ver una nube blanca para celebrar el nacimiento de un nuevo papado, pocos pensaron en la fugaz fumata amarilla. Un símbolo que nunca quiso ser simbólico, pero que terminó formando parte del folclore moderno del Vaticano. Un eco del pasado, como tantos otros, en una institución que cambia poco a poco, sin dejar de mirar a sus raíces.

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ivonneensiso

Comunicóloga apasionada, editora y reportera.

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