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Análisis de altura: PRIAN vs PRI–PAN… del acuerdo oculto a la alianza electoral

27/04/2026 - Hace 1 mes en Durango Estado

Análisis de altura: PRIAN vs PRI–PAN… del acuerdo oculto a la alianza electoral

Zona de Debate | 27/04/2026 - Hace 1 mes
Análisis de altura: PRIAN vs PRI–PAN… del acuerdo oculto a la alianza electoral

Por: Eduardo Ortega

Fue durante el proceso electoral de 2006 cuando la existencia del “PRIAN” se convirtió en una opinión generalizada, casi en una verdad indubitable. La motivación de esta percepción fue multifactorial, entre otras cosas, porque se filtraron las llamadas a los gobernadores del PRI que realizó la entonces secretaria general del tricolor, Elba Esther Gordillo, solicitando su apoyo para el candidato del PAN, Felipe Calderón Hinojosa. Esto, ante el claro desplome del abanderado del PRI, Roberto Madrazo, motivado también, en buena medida, por la propia Maestra, con una campaña de desprestigio que tuvo en ese tiempo un exitoso eslogan: ¿Tú le crees a Madrazo?… ¡yo tampoco!

Ante la alta posibilidad de triunfo del entonces candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, la Maestra pidió a los priistas decantarse y motivar entre sus huestes el voto a favor de Calderón. Fue muy revelador que el aspirante del PRI perdiera en su bastión más importante, el Estado de México, ya que además su gobernador era el principal activo del poderoso Grupo Atlacomulco, Enrique Peña Nieto. De esta entidad surgió una trasfuga de cerca de 200 mil votos que pertenecían al PRI, prácticamente la misma cifra con la que el panista fue declarado ganador.

El periodista Álvaro Delgado asegura en su libro El amasiato, el pacto secreto Peña-Calderón que en 2012, cuando Peña fue el candidato del PRI, Calderón le pagó el favor saboteando desde el gobierno a su correligionaria Josefina Vázquez Mota. Además, habría que recordar que el propio Calderón prácticamente confesó su traición a la panista, a quien tan solo le dijo: “te abandoné”.

En 1939, el PAN nace como un verdadero antagonista del todo poderoso y hegemónico PRI, siendo una oposición política, ética y electoral. Durante más de 50 años se mantuvieron dentro de una lógica binaria: sistema contra oposición. En los años noventa, aunque no había coaliciones formales, sí comenzaron a darse acuerdos pragmáticos en el Congreso. Sin que fuera muy notorio, PRI y PAN empezaron a coincidir en votaciones clave, especialmente en temas económicos y de Estado. Esto es lo que muchos analistas comenzaron a llamar “PRIAN”, no como alianza electoral, sino como convergencia legislativa.

Aunque ya se empezaba a hablar de entendimiento con el poder, a esto lo llamaron “concertacesiones”. Fueron acuerdos políticos durante el sexenio de Carlos Salinas (1988-1994), donde se pactó reconocer triunfos electorales panistas a cambio de legitimidad política: Ruffo en Baja California, Barrio en Chihuahua, Loyola en Querétaro.

Sería muy difícil precisar en qué momento iniciaron las alianzas de facto entre el PRI y el PAN, pero sería pecar de ingenuo pretender negar su existencia. Todos hemos sido testigos de candidaturas débiles de un instituto político con el ánimo de favorecer a su supuesto antagónico, además de la movilización de estructuras partidistas a favor de otro candidato que no es el propio. Ejemplos… hay muchos.

En 2021 este “amasiato” se formaliza con la coalición “Va por México” (PAN, PRI y PRD) para elecciones federales. Esta alianza se replica en 2023 para las elecciones en el Estado de México y Coahuila. Para 2024, la coalición continúa como “Fuerza y Corazón por México”. En este proceso se eligió la Presidencia de la República, 128 senadurías, 500 diputaciones federales y prácticamente todas las alcaldías del país, a excepción de Veracruz y Durango (en nuestra entidad, el proceso se realizó en 2025 y la alianza PRI-PAN fue exitosa).

El actual presidente del PAN, Jorge Romero, es abiertamente anti aliancista y pretende culpar al PRI de la debacle de su partido. Debería recordar que tanto la candidatura de Xóchitl Gálvez como la de Santiago Taboada, a la Presidencia de la República y a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, respectivamente, fueron propuestas de Acción Nacional.

Además, los comités estatales y municipales del PRI y del PAN fueron más cuidadosos en elegir candidatos a alcaldes que lo que fueron las dirigencias nacionales al repartir candidaturas y plurinominales federales. Resulta muy revelador que, de las 29 capitales de estado que renovaron ayuntamientos, 15 fueron ganadas por la alianza PRI, PAN y PRD; dos por Movimiento Ciudadano, además de un independiente, dejando tan solo 11 a MORENA.

La interrogante es clara: ¿por qué la alianza sí funcionó en 15 alcaldías capitalinas y en las candidaturas a la Presidencia y al Congreso fue una verdadera pifia? Entonces, el problema no son las alianzas. Jorge Romero es un iluso al pensar que los votos que tuvo Acción Nacional regresarán en automático por no ir aliados con el PRI. Esta alianza es competitiva cuando tiene buenos candidatos. Hoy, quienes entorpecen y desprestigian al PRI y al PAN son sus dirigencias nacionales, con una actitud obtusa y un deterioro de credibilidad que difícilmente alguien, sin interés de por medio, respaldaría.

Hoy, una parte importante de la fortaleza de MORENA es la debilidad de la oposición, y esa debilidad pasa, en gran medida, por sus dirigencias. Porque en política, más que las alianzas, lo que define el rumbo es la calidad de quienes las conducen.

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