Cuba vive uno de sus momentos más críticos
Los residentes de la capital cubana enfrentan hoy una realidad que combina el colapso de los servicios básicos con una asfixia económica sin precedentes. A la ya crónica escasez de alimentos y medicinas se ha sumado una crisis de recolección de residuos que ha convertido las calles en vertederos improvisados. Ante la falta de combustible para los camiones recolectores, la quema de basura se ha vuelto una práctica desesperada, generando una nube de humo contaminante que afecta la salud respiratoria de miles de habaneros.
El panorama se oscureció drásticamente tras la confirmación de que Cuba no ha recibido cargamentos de petróleo en lo que va de 2026. La caída del suministro venezolano y el reciente decreto firmado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que sanciona a terceros países por vender hidrocarburos a la isla, han dejado al gobierno de Miguel Díaz-Canel en una posición de «jaque mate». Según expertos como Sebastián Arcos (FIU), Washington ha pasado de ser un observador a un «agente activo de cambio de régimen», mientras la tasa de cambio informal ya alcanza los 500 pesos por dólar, disparando una inflación incontrolable.
A diferencia del «Período Especial» de los años 90, la infraestructura actual de la isla se encuentra en un estado de deterioro avanzado tras décadas de desinversión. El descontento social, que tuvo hitos en 2021 y 2024, se mantiene latente bajo una vigilancia estrecha. La tensión escaló esta semana tras un incidente marítimo donde fuerzas cubanas abatieron a cuatro personas en una lancha con registro estadounidense. Con socios regionales como México deteniendo envíos de crudo para evitar represalias de EE. UU., Cuba se encuentra más aislada que nunca, dependiendo de una ayuda humanitaria que palía el hambre pero no resuelve la parálisis energética que amenaza con detener la producción nacional de alimentos en cuestión de semanas.
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