La migración en la Ciudad de México ha dado lugar a un mercado informal de alojamiento debido a la prolongada estancia de los migrantes en la ciudad.
Propietarios o poseedores de propiedades ofrecen habitaciones, mayormente a ciudadanos haitianos, venezolanos y centroamericanos, donde deben compartir el espacio con tres, cinco o incluso ocho personas.
Estos arrendamientos carecen de contratos y garantías para ambas partes, generando problemas en las dinámicas condominales, vecinales y sociales.
El fenómeno se observa en áreas como el Centro Histórico, Santa María la Ribera, San Rafael, Tabacalera, así como en colonias como Anzures, Iztapalapa y Tláhuac.
En la alcaldía Cuauhtémoc y otras demarcaciones, se adaptan departamentos, viviendas unifamiliares y vecindades para acoger a los migrantes, anunciándolos mediante letreros y carteles.
Ofrecen servicios básicos a precios promedio de 350 pesos semanales, pero la ocupación suele ser alta, con hasta 20 o 25 migrantes por vivienda.
La situación afecta la dinámica social, haciendo difícil la permanencia en el interior y llevando a los migrantes a pasar la mayor parte del tiempo en la calle, generando preocupación entre los vecinos.
En zonas como Santa María la Ribera, se evidencia la presencia de migrantes en las esquinas y banquetas, contribuyendo a la generación de basura y ruido.
Ante esto, algunos propietarios advierten a los inquilinos que, si no respetan las normas de convivencia, se verán obligados a negarles el hospedaje.
Este fenómeno también se extiende a áreas como Anzures, Iztapalapa y Tláhuac, donde la falta de regulación y la alta demanda de alojamiento para migrantes impactan negativamente en las comunidades locales.